miércoles, 9 de mayo de 2012

Pero...






     
     Quizás la rabia me haga estallar y entonces ya no hará falta este traje prestado. Conservar la tolerancia es parte del todo, es una pesada carga, por cierto. No digo nada todavía. Ahora los personajes se han ido, sin embargo los persigo... Era una tarde de un día gris, la calle llena de barro, debía salir otra vez. El lugar no importaba mucho, sólo la respiración, la calle, el ruido, los autos... En casa todo se encubre y cuesta hablar y ser sincero. No digas que nunca te ha pasado  eso... Porque siempre intentas descalificar este instante, te maquillas la pena, por si alguien quisiera notarla. -¡¡Hipócrita!!
      Pero lo normal está del otro lado, cuando caminas y vacías por completo los cauces de tu alma, al transitar es como si ya no sintieras pesos. De hecho tu voz se vuelve alateo de cisne.  Este paracaídas sí es la llave que no puedes abandonar. Pero sabes que en instantes de sequía, deberás llegar nuevamente a tu cuarto y enfrentar otra vez el espejo, la vida, tu yo, los cuerpos repetidos, el drama sin fin que nunca termina

viernes, 4 de mayo de 2012

 

        Los paracaídas no son tan comunes, es cierto, a menos en el diario trajinar del subterráneo. ¿Te parece?. Eso no me queda tan claro. De cuajo, mi estómago se reduce cada vez más de sólo pensar en circular por esa caverna citadina, y es que me siento como hormiga, más bien como el tentáculo recortado de una araña.... ¡Qué cosas, esta ciudad! Estar allí, deshausiado, apoyado y muerto, respirando rápido para no gritar de rabia ni sofoco. Al llegar a tu destino, tu cara ni tu andar es el mismo, has dejado parte de ti en esa cápsula. Maldices, le odias, hasta el otro día en que otra vez te ofreces al festín, al viajar mortal. No lo hagas, te dices, y nada, otra vez estás allí, con boleto en mano, pasando el torniquete, cruzando la raya amarilla, sin oxígeno...

jueves, 3 de mayo de 2012

Algo pasa

     



         Todos se acercan a ti... Te aprisionan fuerte, se recuestan y tumban de vez en cuando tus pisadas. Parece una dislocación ese aire. Medio te paseas o más bien te escurres hacia las barandas y todavía no logras dejar de pensar en todas las razones que te llevan a estar allí. Si es por las palabras, no tiene sentido esa amalgama de voces sin freno, una barrida al léxico común, en suma un  renacer escatológico pero claro. Ellos son así. ¿Y tú donde encajas?...
        Hoy mientras recorrías el tramo acostumbrado de tu casa al centro de la ciudad, pensabas en todo. La restregada ciudad de Caracas, con sus calles irregulares, su anárquico sonido que te mantiene despierta. Allí las ideas se mueven a su antojo, como si manaran de una fuente natural, oculta en ti, pero inspirada de esas caras cansadas, risueñas, de esas medias palabras atropelladas, en fin, la ciudad te inspira y te circunscribes a ella como un elemento más...     (CONTINUARÁ)