Los paracaídas no son tan comunes, es cierto, a menos en el diario trajinar del subterráneo. ¿Te parece?. Eso no me queda tan claro. De cuajo, mi estómago se reduce cada vez más de sólo pensar en circular por esa caverna citadina, y es que me siento como hormiga, más bien como el tentáculo recortado de una araña.... ¡Qué cosas, esta ciudad! Estar allí, deshausiado, apoyado y muerto, respirando rápido para no gritar de rabia ni sofoco. Al llegar a tu destino, tu cara ni tu andar es el mismo, has dejado parte de ti en esa cápsula. Maldices, le odias, hasta el otro día en que otra vez te ofreces al festín, al viajar mortal. No lo hagas, te dices, y nada, otra vez estás allí, con boleto en mano, pasando el torniquete, cruzando la raya amarilla, sin oxígeno...

No hay comentarios:
Publicar un comentario